Driving Miss Daisy nos cuenta la historia de una anciana judía (Jessica Tandy, ganadora del Öscar a la mejor actriz por esta película) que, tras un pequeño accidente de auto, su hijo (Dan Aykroyd) decide que ya es tiempo que necesite de alguien para cuidarla. No mucho tiempo después, encuentra a esa persona, Hoke (Morgan Freeman), un hombre cincuentón de origen humilde, que se transforma no solo en su chofer, sino también en su mejor amigo.
Ambientada en los años 50, aunque la línea del tiempo no se detiene ahí (vemos cómo la sociedad norteamericana va cambiando con personajes como Martin Luther King en los 60), la historia parece algo trillada, ya que la idea de cómo dos personas tan distintas entre sí, se convierten en las personas más cercanas, se vio muchas veces. Pero la película no es solo un bonito relato sobre la amistad, también es sobre el cambio. El cambio de una sociedad tradicionalista y burguesa por una más abierta, consciente del pasado racista que tuvo Estados Unidos (y que aún hoy existe, aunque en menor medida).
Muy probablemente no sea de las mejores ganadoras del Öscar a la mejor película, de hecho, pienso que está muy lejos de serlo, pero aún así, cuenta con unas buenas actuaciones por parte de los dos protagonistas, buena banda sonora de Hans Zimmer, y alguna que otra escena emotiva, pero cargada de ciertas sutilezas que la alejan de ser un film cursi.
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